Leggins reductores: Nuevas opciones en control corporal y una apariencia fabulosa para los objetivos más disímiles de la cotidianidad. 

Tiempos de innovación para las necesidades de cada persona. 

La Belleza no se queda atrás 

No nos cansaremos de decir que estamos en tiempos de innovación. Hoy en día, lo que quieres está a tu disposición en cualquier comercio, aun si piensas que no ha sido inventado todavía. Por más rebuscada que sea una idea, seguramente está ya al alcance de tu mano o en pocos días estará cerca de ti. En comunión con eso, la belleza es uno de esos nichos que siempre lideran el top de artículos consumidos por las personas, y no es de sorprenderse que cada vez existan artículos más diversos, específicos y pertinentes para esos detalles con los que queremos caracterizar nuestra apariencia física. Los leggins siguen este camino al igual que los demás artilugios.   

 

Como nos habremos dado cuenta, existe una perenne tendencia a delinear nuestra silueta con curvas tan pronunciadas como nos sea posible. Esto no es nuevo, mas parece que los métodos para alcanzar o mantener susodicha figura son tan creativos que nuestra posibilidad de escoger entre ellos aumentará sin limitaciones en lo respecta a preferencias.

 

 Los leggins reductores son una prenda imprescindible en el guardarropa de la actualidad; no cabe duda. Su versatilidad nos permite utilizarlo en los contextos más disímiles y apegarlo a cualquier indumentaria sumando el confort propio de la usanza contemporáneas. Los diseños atrevidos que vemos a diario también son muestra de su potencial en términos de originalidad y personalización. Un hito polémico de la vestimenta de la Modernidad, eso sí.

 

Historia ¿Cómo llegaron a ser tan populares en la contemporaneidad?

Los leggins existen más o menos desde el siglo XIV cuando caballeros escoceses los vestían como indumentaria de batalla. Con el transcurso de los siglos, la tecnología llevaría tarde o temprano a un nuevo descubrimiento que facilitara la comodidad en la tela, además de apegarse a otros objetivos. Esto llegaría en 1959 con la sintetización de la licra como material, cosa que abrió múltiples posibilidades a la industria textil. No tardaría entonces en relucir entre todas aquellas nacientes generaciones de mujeres que querían  desligarse del aspecto de corsé regular que se observaba en las damas de la época. Aunque la tendencia de los cincuenta empezaba a estilar minifaldas sin mucho por debajo, no sería sino hasta que actrices del calibre de Audrey Hepburn deslumbraran usando leggins, que la audiencia estadounidense y occidental se animaran a convertirla en moda. Desde ese momento, no faltaría en almacenes ni tiendas de cadena. 

El leggins estaba condenado al éxito tras las décadas en las que figuraba por todos lados. Vaselina fue un ejemplo de cómo la rebeldía de su aspecto proporcionaba líneas entalladas a sus usuarios. Madonna tampoco se cansó de brincar en varios muy llamativos pares de leggins desde mediados de los 80´. En ese punto, el leggins ya estaba en boga y llegaba para quedarse. De los 90´s en adelante no haría más que entremezclarse con las modas predominantes de la época: desde ese aspecto grunge ligeramente desaliñado, hasta el realce natural de la figura latina que por aquellos años comenzaba a ganar fama mundial. 

 

Leggins reductores. Comodidad, utilidad estética y aspecto auténtico

Esto traería como subproducto la implementación de esta pieza con propósitos más deportivos en un sentido amplio. Hoy no faltan en gimnasios, fiestas ni pasarelas. La era del leggins no contempla fin a pesar de sus escazas detracciones; por eso se ha prestado en numerosas oportunidades para la extensión de su espectro. Venga, que sus combinaciones son tantas como su capacidad para estirarse en muchos casos. Inclusive, ha sentado precedente en ámbitos de gala, rompiendo con el estigma de su informalidad y prestándose tanto para la extravagancia como para la simplicidad.    

 

No hay razones que nos detengan a pensar qué le impediría a una prenda tan provechosa el tener más funciones que solo vestirla. Si los leggings lucen tan bien en cinturas angostas ¿No sería ideal que integrase alguna faja que nos ayude a seguir pronunciando nuestra forma femenina? En efecto, lo es. Y no solo que esté confeccionada con este ajuste, sino que además se conjugue perfectamente como parte del leggins y exalte esa sinuosidad al margen que nos ayuda a ir las reduciendo las tallas que queramos. Pues bien público, no solo existen en el mercado, sino que su aspecto y confortabilidad son de hecho el fuerte de su diversidad. Reducir tallas ya es posible dentro de los parámetros de la ropa que, lejos de esconderse,  luce distintiva en nuestras andanzas del día a día. 

 

Lo resaltable, pues, es que esta pieza liberadora es capaz de moldear nuestra cintura, delinear nuestra cadera y, a su vez, levantar nuestros glúteos. Eso sin mencionar que no hay necesidad de esconder su faja, ya que los acabados actuales la habilitan para un aspecto digno se ser exhibido. Es más, con creatividad, nos permite ingeniárnoslas para destacar nuestro busto sin vulgarizar nuestra imagen. El ejercicio solo mejora su efecto al disminuir el volumen de esta área con respecto al de las partes superior e inferior del cuerpo. Asimismo, corrige la postura con ligereza. Todo lo anterior sin sacrificar comodidad, adaptabilidad ni esfuerzo. El leggins es ideal para los planes exóticos: queda perfecto en climas fríos y realiza mejor su labor de reducción en ambientes calurosos.  

En conclusión, el leggins no solo ha llegado para permanecer en anaqueles comerciales; sino más bien para conjugarse tanto con los esfuerzos más extravagantes de la moda, como con los requerimientos estéticos para una cintura de avispa. Con su colaboración, la imagen proporcionalmente esbelta que nos otorga no pasará desapercibida ni por vulgar; al mismo tiempo que nos ayuda a mantener y conseguir ese aspecto de reloj de arena que siempre ha causado furor.         

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