Fajas reductoras ¿Ganchos o cremalleras? Características y usos 

 Y breve recuento de cómo llegamos a esta elección

Apegarnos a los requerimientos es el dictamen principal de un consumidor. Esto es así. Puede que mucho sea lo que ofrezca el mercado en términos de variedad, pero dentro de esa misma variedad, existen detalles que encuentran su razón de ser gracias a la diversidad de exigencias de los clientes. Las nuevas demandas son la causa remota pero inicial de toda novedad. Estas que explicamos ahora mismo no son exactamente cosa nueva, aunque son detalles de confección que atendieron a solicitudes específicas. Si bien cada una tiene sus ventajas, sus variantes en dispositivos de cierre ameritan detenernos a pensar qué necesitamos en la situación particular para la cual requerimos una faja. Elegir entre cremalleras y ganchos es una dicotomía más cuidadosa de lo que pensamos, y quizá nos sorprenda el hecho de que proporcionan efectos ligeramente distintos pero dignos de resaltar entre sí. 

Fajas reductoras: Un poco de historia 

Comencemos desde lo que es cronológicamente más evidente: el origen.  Las fajas son utilizadas desde la Antigüedad, cuando se arropaba a los infantes con paños para preservarlos en calor. Con el ligero pasar de los años, y aún en la Antigüedad, damas griegas denotaban sus curvas con modelos más o menos parecidos al corsé como se conoce hoy. Como realzar estos atributos ha sido algo regular entre las mujeres desde entonces, luego de la invención del telar a principios del siglo XV, no tardaría en aparecer el corsé en Francia. Al principio era un artilugio mucho más enrevesado de lo que es hoy día, puesto que en los años 1600´s estaba hecho de telas sencillas y una especie de armazón o varillaje compuesto de una substancia que se halla en la mandíbula de las ballenas. En ese momento solo podían ser ajustados con cordeles que se amarraban en la espalda y así resaltaban esa figura tan característica.

No obstante, con el avance de la industria textil y las tendencias sociales de la época en Europa, el diseño fue sufriendo modificaciones en pro de la corrección de algunos errores que lastimaban usuarios al ser utilizados durante largos periodos de tiempo. Por lo que se sabe, también la indumentaria de esta clase fue inspiración, base y semejanza para otros artilugios parecidos, como las fajas españolas de 1781 que los caballeros vestían para mantener su temperatura corporal en situaciones de frío extremo. Ya en este punto se van observando las composiciones más parecidas shaper  conocido en la Contemporaneidad. Los estándares y cultura fueron mutando al margen de las ideas preponderantes, y eso se evidencia en sus invenciones. Mujeres de toda clase parecían protestar contra el hecho de que se les impusieran normativas implícitas para tener que usar tantos kilos de ropa, cosa que además de resultar desagradable y pesado, se volvía obstinante con la costumbre a la hora de salir a la ciudad. 

Bien entrada la Modernidad, se fue dejando atrás los cartílagos de ballena, y las prendas de moda cada vez se conjugaban con menos trapos encima. En este proceso se encuentran ropajes de tela que integraban menos piezas de metal, experimentando con los sistemas para ceñir la cintura y jugando con la ubicación de los cierres. Sin embargo, el objetivo perseguido era el mismo estilizar la figura femenina o mantenerse abrigado, tal como se ejemplifica en numerosas pinturas de gobernantes, esposas y personajes poderosos del siglo XIX en México, donde quedó sembrado este hábito estético con el nombre de telas compresivas. Si bien su avance no integraba aún tecnologías extensibles, broches o zippers, eran menores las cantidades de material necesario para la confección. El acabado para moldear la silueta era más sencillo que antes al tomar cierto gusto por lo simplista en casi todo caso.

 

Lo interesante llega a puertas del siglo pasado, cuando se patenta el sostén de broche y por fin dan con la idea de una banda extensible de nylon y/o licra para ceñir la cintura. Al disimularse como ropa interior, este artículo de belleza adquiere un valor cada vez mayor en la población mundial, pues resulta un método natural para entallar una forma de torso que demarque su zona más angosta. Es decir, ya a mediados de siglo las fajas se incorporan a los productos cotidianos de uso normalizado entre caballeros y damas para fines estéticos. Inclusive, a finales de los 80´s el mundo tiene los ojos puestos en la estética colombiana de exportación, muy en boga hasta hoy día dada su imagen latina que exalta bastante la voluptuosidad de las curvas de la mujer. Es de hace más o menos veinte años para acá que los diseños regulares de fajas ya son pensados en términos de comodidad, espectros más amplios (como levantar glúteos o reafirmar busto) de acción, y sistemas de cierre con aplicaciones más variadas. 

¿Cremallera o gancho? Apreciaciones con respecto a cada una 

 

La graduación de lo ceñido de la cintura es precisamente una variante a la que atiende la implementación de ganchos o cremalleras a la hora de escoger nuestra faja. Cierto es que hay distintos propósitos para cada faja, y por lo tanto, diferentes tipos de faja. 

Normalmente, las fajas de pines o de sujetadores tienen la finalidad de graduar el ajuste de la cintura de mayor o menor en orden de la cantidad de broches que se aten al vestirlas; mientras más broches, más ceñida quedará la cintura. Este modelo es ideal para el propósito reductor de cintura y pueden tener un costo menor a las de cremallera. Estas fajas suelen crearse para obtener más de tres reducciones de talla en una misma prenda, a diferencia de las de cremallera.

Las de cierre zipper o cremallera prestan atención a la dificultad que presentan algunas fajas de broche cuando son demasiado ajustadas y no se entremezclan tan bien con la apariencia de la ropa. Esto es, son una alternativa tan efectiva como la de ganchos pero están más recomendadas para modelos y propósitos post quirúrgicos, pues evitan la flacidez igual pero se adaptan mejor a restricciones de operaciones médicas como cirugías. Algunas las prefieren solo por cierta facilidad al ponérselas, pues el cierre está localizado de manera vertical.

Al final, más que atender a una preferencia por alguna, se recomienda pensar en las necesidades particulares que posea usted.

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